Cecilia Hémala: 40 años dedicados al arte y a la docencia en el Taller de Artes Plásticas de Durazno

El pasado 19 de junio, el Taller de Artes Plásticas de Durazno celebró sus 66 años de historia. En ese marco, una de sus docentes, Cecilia Hémala, cumplió 40 años de vínculo ininterrumpido con la institución. Primero fue alumna desde los 11 años, y luego, al alcanzar la mayoría de edad, comenzó a formar parte del equipo docente, enseñando a niñas y niños las técnicas del arte cerámico y transmitiéndoles su amor por esta disciplina.

Durante la presentación del primer capítulo del documental sobre la historia del taller —una producción de la Usina Cultural exhibida en Sala Lavalleja—, Cecilia vivió un momento muy especial. “Se acerca una secretaria de la Intendencia y me dice: ‘tengo algo para ti’. Saca una foto carnet de la época en la que ingresé como docente, y ahí me entró una nostalgia… Porque en realidad yo hace 32 años que trabajo en la Intendencia y 8 como alumna, y ahí se suman los 40. ¡Hace 40 años que estoy concurriendo al taller! Toda una vida. He vivido un montón de cosas… Yo adoro el trabajo que tengo. Me gusta mucho el ambiente del taller, que siempre estás en contacto con artistas, que tenés posibilidades de seguir creciendo también como artista. Estar en contacto con distintas personas de la música, de la literatura, de la danza… todo ese ambiente me parece fabuloso. Yo he crecido junto al taller. Imaginate si el taller cumple 66 y yo hace 40 que voy… ¡me lo conozco muy bien!”.

De Lima a Durazno

Cecilia Hémala nació en Lima, Perú. Allí cursó el colegio y a los 11 años llegó a Uruguay con su familia. “Llegamos al Uruguay con mis padres y mis hermanos porque mi familia es de Durazno. Tengo familia también en Perú. A mí me gustaba todo lo que tuviera que ver con el arte. Terminé quedándome con la cerámica y con el tapiz, pero en realidad he hecho todo tipo de cosas, hasta música. Y ahí fue que mi mamá me anotó en el Taller de Artes Plásticas”.

Tras ocho años como alumna, a los 18 le ofrecieron cubrir una suplencia. “El profesor de niños de aquella época tenía que operarse, entonces precisaban a alguien para la suplencia y él me pregunta si yo me animaba a cubrirlo. ¡Y me animé! Aparte yo ya estaba empezando a estudiar Magisterio. Después el profesor se jubiló y yo ya quedé como profesora. No recuerdo la primera clase, pero sí recuerdo el día que me recibí de maestra, que estaba en el patio y me llegaron flores… ¡yo muy jovencita! No habían nacido mis hijos ni nada”.

Arte, técnica y vocación

Cecilia trabaja por las mañanas en el colegio Scaffo, por las tardes en el Taller de Artes Plásticas y los viernes concurre a primaria como docente. “He estudiado muchísimo, tanto en lo artístico como en lo educativo. Todo lo que es pedagogía, psicología, didáctica… haciendo Magisterio, por supuesto. También debo decirte que el aporte que he tenido y todo lo que voy aprendiendo en primaria, en las escuelas, porque soy maestra y profesora de arte, eso también es parte de mi formación”.

Uno de los aspectos que más valora es el trabajo con niños. “¡Son tan divinos! Se portan todos bien, los vienen a buscar y ninguno se quiere ir. La verdad es que yo la paso muy bien con ellos. Yo enseño con técnica. A esta altura del año el niño tiene que saber amasar, cortar, pegar, darse cuenta en qué estado está la arcilla. También doy alfarería, cada uno a su ritmo, dependiendo de su madurez y edad. Y lo más importante es que el chico aprenda a ser creativo. Para mí eso es fundamental. Esa creatividad que yo enseño le va a servir al niño para toda la vida”.

Además, valora profundamente el material con el que trabaja: “Nosotros trabajamos con el oro de Durazno, porque la arcilla de Blanquillo es la mejor del Uruguay y abunda muchísimo. Tenemos esa magnífica materia prima, que para producirse se necesitaron millones de años. Entonces, si pasa por tus manos, uno tiene ese compromiso de crear algo que le rinda homenaje a la naturaleza. La arcilla es mágica. Y el torno alfarero me parece fantástico también”.

Recuerdos imborrables y nuevas creaciones

Cecilia recuerda con cariño y orgullo muchos momentos vividos en estos 40 años. “Tengo muchos recuerdos. Como cuando fuimos a México representando al Uruguay por el taller. Hoy todavía hay una obra allá de mis alumnos. También los viajes de todas las premiaciones del LATU de ‘Hecho Acá’ que ganaron mis alumnos… ¡Anécdotas tengo muchas!”.

Una de sus experiencias más especiales fue la exposición dedicada a “Los Tatitos”. “Habíamos hecho un proyecto con los niños, todo en cerámica. Vino Diego, uno de los que hacía los muñecos. Y Ernesto Giordano, que era el director en esa época, siempre me decía: ‘¿Qué vas a inventar este año, Cecilia?’. Yo le decía: ‘Preciso un barco de tres metros’. Y él lo construía, y yo con los chicos nos poníamos a ver cómo lo íbamos a completar. Fue tan fabulosa esa exposición que vino el creador de Los Tatitos a conocerla”.

Cecilia hoy

Actualmente, Cecilia presentó una exposición virtual titulada «Revuelo de una alfarera», con fotos tomadas por su hija, licenciada en Comunicación. “Salió el 28 de mayo. Es ‘revuelo’ porque estoy en otro cambio. Cecilia es otra hoy. Las piezas de alfarería las empiezo a deformar, las transformo en obras más modernas. Esa es mi nueva técnica ahora”.

Su último proyecto apunta a la identidad duraznense: “Son unas obras con forma de durazno, acompañadas de una frase que tiene que ver con por qué Durazno se llama así. Empezamos a investigar con varias personas sabias del tema, buscando en libros, y descubrimos que era porque había muchas chacras acá. Comenzamos a producir distintos tamaños de platos y fuentes, como para copetín. Es una obra que busca ser identitaria del departamento. Va todo en color natural de la arcilla, para homenajear también el color de nuestra tierra duraznense”.

25 años de la muerte de Rodrigo

Rodrigo Alejandro Bueno murió el 24 de junio del año 2000 en un trágico accidente automovilístico en la Autopista Buenos Aires–La Plata, a la altura de la localidad de Berazategui, en la provincia de Buenos Aires, cuando regresaba del boliche Escándalo, ubicado en City Bell (La Plata).

La noticia de la muerte del Potro Rodrigo rápidamente se impuso en los principales medios del país. Algunos portales titularon con impacto, como es el caso del diario Clarín, que publicó: “Otro ídolo con final trágico: Rodrigo se mató en un accidente” (25 de junio de 2000). También la icónica placa informativa de Crónica TV, que anunciaba simplemente: “Murió el Potro”.

Rodrigo fue uno de los artistas argentinos que marcó una época en la música popular nacional, gracias a su carisma y simpatía, convirtiéndose en uno de los más grandes representantes del cuarteto del vecino país. Nació en Córdoba el 24 de mayo de 1973, en una familia con fuerte influencia musical: su padre era representante de artistas.

Desde pequeño mostró su talento. A los 5 años ya cantaba jingles publicitarios, y a los 11 grabó su primer disco, aunque su salto al éxito llegaría algunos años más tarde. A lo largo de su carrera grabó más de 15 discos, y algunos de sus mayores éxitos fueron: “Soy cordobés”, “Lo mejor del amor”, “Y voló, voló”, “La mano de Dios” (dedicada a Diego Maradona), “Ocho cuarenta” y “El viaje”.

En 1999 y 2000 se convirtió en un verdadero fenómeno de masas. Llenaba estadios como el Luna Park, aparecía en todos los programas de televisión y vendía discos en cantidades récord.

Tras su muerte, con tan solo 27 años y en pleno auge de su carrera, Rodrigo se convirtió en una leyenda de la música popular argentina, llevando el ritmo del cuarteto no solo a su Córdoba natal, sino a todo el país e incluso al exterior. Fue el primer cuartetero en alcanzar una proyección nacional tan fuerte. Su figura se volvió mítica, al igual que la de otros artistas que fallecieron a los 27 años, como Jim Morrison, Kurt Cobain y Amy Winehouse.

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